El inicio de la producción eléctrica a gran escala en España

Los primeros pasos de la industria eléctrica española tuvieron lugar en Barcelona en el año 1875, con la construcción de la primera central eléctrica. Su producción eléctrica se destinó a la iluminación de algunos establecimientos y talleres, donde destaca la Maquinista Terrestre y Marítima (se considera como el primer consumidor en España que firmó un contrato de suministro de energía eléctrica).

La utilización de la electricidad para la iluminación pública comenzó en el año 1881, cuando entró en funcionamiento la primera central eléctrica de Madrid.

Hasta principios del siglo XX la energía eléctrica no se podía transportar a larga distancia. Por eso, las centrales de la época se situaban cerca de los centros de consumo.

En el año 1901 España realizó la segunda experiencia mundial de transporte de energía eléctrica a una distancia de 3 km. Ocho años más tarde, en 1909, el país disponía de la línea de mayor tensión y longitud de Europa: su recorrido, a 60.000V entre la central del Molinar (en el río Júcar) y Madrid, era de 260 km.

En el año 1901 en España existían 861 centrales con una potencia total de 127.940HP (caballos de vapor). De la cifra total de centrales, 648 dedicaban su producción al servicio público y 213 a usos particulares.

 

Los primeros pasos de las compañías eléctricas españolas

Los avances de la tecnología permitieron el desarrollo de las primeras grandes centrales hidroeléctricas españolas en la primera mitad del siglo pasado. Su construcción exigía mayores esfuerzos económicos y financieros que las instalaciones existentes. Por eso, y de forma paralela, se empezaron a crear varias compañías eléctricas de mayores dimensiones y recursos.

Después de la Guerra Civil, el parque eléctrico español se encontró con grandes dificultades para garantizar la cobertura de la creciente demanda de energía. Debido a la dificultad de construir nuevas centrales de gran potencia, se vio la necesidad de obtener de las instalaciones ya existentes un rendimiento mayor y más eficiente.

Por ese motivo, las principales empresas eléctricas acordaron agruparse en una nueva sociedad: Unidad Eléctrica, S.A (UNESA). Así se promovió el desarrollo de la red eléctrica española, con la finalidad de que la interconexión de todas las zonas y centros de producción de electricidad permitieran optimizar la explotación del sistema eléctrico del país.

Una vez la economía se fue recuperando, se hizo posible emprender la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas y termoeléctricas de gran potencia, de carbón y fueloil. Además, en 1968 España se incorporó al desarrollo nuclear, conectando a la red su primera central de este tipo.

 

Evolución del consumo de electricidad en España

Para hablar de la evolución del consumo de electricidad debemos tener en cuenta paralelamente la evolución de la producción de energía.

Desde principios del siglo XX y hasta principios de la década de los años 30, la demanda española fue creciendo, pero no tanto como los países europeos más desarrollados. La mayor parte de la demanda estaba en Cataluña, País Vasco y Valencia.

El crecimiento de la demanda también se aceleró de forma considerable con motivo de los suministros industriales que realizó España a los países implicados en la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918.

Este crecimiento se interrumpió por la Guerra Civil, en el año 1936. Entre 1935 y 1937 el consumo eléctrico se redujo un 25%, y en 1939 el consumo era inferior aún que el del año anterior al inicio de la guerra.

Durante los años siguientes, la demanda de electricidad volvió a vivir una etapa de gran expansión. Sin embargo, había problemas para incrementar el parque de instalaciones de generación por el bloqueo internacional, la debilidad de la economía española y por la inexistencia de una red general peninsular totalmente interconectada. Estos hechos provocaron diferentes restricciones eléctricas, que más adelante desaparecieron.

La fase más fuerte de crecimiento que experimentó la economía española desde principios de los 60 hasta la entrada de la década de los 70 impulsó de forma espectacular el consumo de energía eléctrica. Puede afirmarse que el hecho de llegar a un nivel adecuado de actividad económica, una mejor calidad de vida y un mayor control en la preservación del medioambiente hicieron necesario un aumento del uso de energía eléctrica frente otros tipos de energías finales.

El reto para las empresas eléctricas es facilitar este progreso social y económico de modo compatible con la preservación del medioambiente y la utilización eficiente de la electricidad.